Trabajo a Distancia

trabajo distanciaLos cambios que trajo aparejados la tecnología sacudieron también el entorno laboral, donde algunos puestos entraron en crisis y aparecieron otros. Tal como sucedió con la Revolución Industrial, los paradigmas del mundo actual se apoyan en los beneficios que genera el uso de las máquinas y, así, las personas se transforman casi en un excedente del sistema.

La preocupación crece en notoriedad cuando se analiza que el mercado profesional está signado por la precariedad: los contratos fijos son cada vez más cortos en orden al tiempo y, además, tienden a desaparecer; los salarios se acotan, la competencia se vuelve descarnada y los estudios no alcanzan para conseguir una primera oportunidad de empleo.

Esta realidad emerge de las necesidades de las empresas, que buscan reducir costos y, a la vez, intentan deshacerse de sus empleados, sustituyéndolos por las ventajas que ofrece la modernidad.

Como era de esperar, quienes primero padecen los reveses de esta circunstancia son los jóvenes, víctimas de una época en la que sobran graduados y escasean las chances de insertarse, aún a pesar de los esfuerzos.

En ese marco, la temporalidad se convierte en un aliciente y, a la par, la posibilidad de desarrollar tareas en espacios diversos, acordes a las propias posibilidades, salta a la superficie como una propuesta seductora, se la mire por donde se la mire.

El horizonte se modifica en un mercado laboral en movimiento, donde el negocio para los individuos parece pasar por el trabajo a distancia.

Junto con el autoempleo, esta modalidad se viene gestando desde fines del Siglo XX como una vía de escape a la desocupación. Además, reviste mayor trascendencia por tratarse de un formato novedoso que reúne una gran variedad de nuevas tendencias, sobre todo en lo que respecta a funciones y condiciones de contratación.

Ante este planteo y el convencimiento de que es una de las herramientas para vivir en el presente y el futuro, conviene definir qué es trabajo a distancia. Muchos postulan que esta construcción es sinónimo de teletrabajo; pero no son menos los que aseguran que, en realidad, el concepto es menos amplio aunque igual de eficaz.

Como suele suceder en estos casos, es difícil lograr una convención acerca del criterio que debe utilizarse para describir lo que engloba el término. Sin embargo, el uso común lleva a un consenso respecto de la forma de empleo a la que se alude.

Para evitar contraposiciones infructuosas, se puede coincidir en que el empleo a distancia  es un método de organización que se sostiene en la ejecución de diversas actividades profesionales con ausencia en el espacio físico que posee la empresa, por, al menos, una gran porción de tiempo.

Por supuesto, la aplicación de este formato requiere de una configuración flexible y, sobre todo, de la disponibilidad de procesos electrónicos para el traspaso de información y la utilización constante de medios virtuales que faciliten el contacto entre la compañía y los empleados.

Es más: el elemento característico de este tipo de empleo no es la casa, como lugar para desempeñarse (se puede optar por otros ámbitos), sino la utilización de computadoras y nuevas herramientas de comunicación, absolutamente indispensables.

empleo en casa

Lo concreto es que en Europa el teletrabajo también es conocido como telenetworking o, directamente, telework; en tanto, en Estados Unidos, prefieren llamarlo telecommuting.

Del mismo modo, en la amplia gama de textos que se han escrito al respecto, se incluyen otras designaciones; entre ellas, teledesplazamiento (tomado del inglés americano), trabajo en red o networking, empleo flexible o flexible working, negocios en el domicilio o homeworking y, también, remote working (expresión que traducida al castellano es trabajo a distancia).

Más allá de cómo se lo nombre, el teletrabajo ha dado muestras suficientes de que supone ahorro de energía, aires que se renuevan continuamente y, por ende, una mejor calidad de vida para quienes lo practican.

Sus bondades son abundantes y sobresalen en desmedro de las limitaciones y los obstáculos que pudiera ocasionar. Sin lugar a dudas, sus atributos más atractivos son: la administración más austera de costos, espacios, tiempo y dinero, la potestad de transformarse en jefe de uno mismo, la mayor disponibilidad de realización personal en otros campos y hasta la menor incidencia negativa sobre el medio ambiente.

En contrapartida, el “costado oscuro” del trabajo a distancia contempla la exigencia de un gran poder de organización, ya que la disciplina resultará clave para una prestación efectiva.

Además, los teletrabajadores pueden atravesar inconvenientes en cuanto a las relaciones o sentirse aislados, por lo cual se sugiere una estructura psicológica fuerte capaz de evitar estos males.

Por último, entre las desventajas, se incluyen el problema de la carencia de motivación y la falta de identidad corporativa.

También, desde la óptica de las empresas, sería conveniente que se constituyera un marco legal preciso, útil para dar respuestas a las problemáticas que pudiera suscitar el crecimiento de este fenómeno (más que nada por su evolución vertiginosa y su naturaleza internacional). Una regulación sería elemental para echar un manto de claridad sobre los derechos y deberes de los cyber-workers.

En idéntica dirección, esta flamante fórmula de empleo demanda un entorno seguro para la difusión y el procesamiento de datos, en virtud de que la confidencialidad es un asunto sumamente importante para garantizar confianza y evitar dolores de cabeza.

A pesar de las dificultades descriptas, los datos de los últimos tiempos son alentadores en cuanto a la creación de profesiones y empleos típicos de la sociedad contemporánea, que ha centrado sus intereses en la información.

En consecuencia, y ante la imposibilidad de exigir grandes caudales de experiencia, se abren excelentes chances para los candidatos de menor edad, cuyo margen de acción sólo puede estar limitado por las ganas de capacitarse y ensayar y por la imaginación propia y la de su empleador. Así, resultan válidas todas las tareas que se adapten al formato digital.

Es importante, entonces, comprender que, en el momento en que uno se propone ingresar a este innovador ecosistema laboral, debe construir una síntesis curricular en la que no sólo se puntualicen los conocimientos técnicos sino también la capacidad de adaptación a los nuevos medios y la buena predisposición a desenvolverse como trabajador a distancia.

Ahora bien: como podrá preverse, no todos los teletrabajadores son iguales. Las formas y los sitios que utilizan para desempeñarse configuran, al menos, cinco categorías:

 

–          Empleado en casa: convierte su vivienda en epicentro del negocio.

–          Autoempleado: se distinguen por ser grandes consumidores de servicios de telecomunicación. En algunos casos, la profesión que ejercen les exige adoptar esta alternativa; en otros, la elijen por propia voluntad.

–          Empleado corporativo: este prototipo es generalmente adoptado por directivos que realizan su tarea desde su hogar o domicilio profesional, pero a la vez tienen nexos ineludibles con un área o departamento concreto de la empresa o con un emplazamiento definido de antemano.

–          Empleado satélite: se trata de un trabajador que, por las características de la función que cumple, desarrolla su labor en centros alejados de la oficina central, incluso en lugares remotos que mantienen una conexión constante con la zona neurálgica de operaciones de la compañía.

–          Empleado itinerante: es una suerte de trabajador nómada, ya que, bajo ningún aspecto, requiere lazos físicos con la oficina.

 

Vale destacar, sin embargo, que a pesar de estas clasificaciones presuntamente cerradas las necesidades y personalidades imponen modalidades híbridas, que acoplan éstas y otras naturalezas.

Al analizar las estadísticas que se han elaborado en derredor de este asunto, se descubre que, de la población de teletrabajadores, la porción más amplia corresponde a profesionales independientes que resolvieron utilizar un ámbito laboral distinto del clásico.

De todos modos, se vislumbra que el trabajo a distancia debe ser capaz de seducir a quienes realizan toda su tarea o buena parte de ella, en movimiento. Para graficarlo, conviene pensar en un trabajador “caracol”, es decir, en un empleado que lleva su oficina a cuestas, amparado en las comodidades que le convida la tecnología.

La progresión a nivel internacional, que surge del uso que se les da a las computadoras, revela que en un plazo muy corto la mayoría de las profesiones desfilarán por el camino virtual en el inicio de la jornada de trabajo.

Es por ello que, más allá de que en sus orígenes el sistema convocó sólo a personas extremadamente responsables y con una notable capacidad de decisión, hoy la tendencia es digitalizar el trabajo en todos los aspectos que sea posible.

Por último, cabe la pena resaltar que el trabajo a distancia fomenta el progreso de nuevas competencias laborales. Ya no resulta extraño ver de qué manera los teletrabajadores evolucionan en lo que respecta al abordaje de conocimientos complejos, el trabajo en equipo y el aprendizaje colaborativo.

Del mismo modo, potencian su curiosidad innata y desarrollan aún más el talento para descubrir las bondades de las TIC en el ejercicio de su tarea. Por supuesto, rara vez abandonan la formación a lo largo de su vida profesional, pues la consideran un pilar que los mantiene de pie en este mundo cambiante.

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