Tipos de Motivación

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La motivación es aquello que se conoce como el impulso o  el motor que nos genera la intención de realizar alguna acción. Estos impulsos se dan en absolutamente todos los planos de nuestra vida diaria.

Es esta la que nos hace levantarnos por la mañana, tomar un desayuno en vez de otro, conversar con las personas con las que queremos hablar, leer determinados periódicos, asistir a un trabajo o a una universidad, abrir un libro, tomar un camino para llegar adonde vamos.

Sin embargo, existen diferentes tipos de motivación según qué sea lo que nos movilice. Asimismo, depende casi por completo de los objetivos que tengamos, además de cuál es la forma en que queremos llegar hasta ellos.

Los que existen están vinculados a la afiliación, a los logros, a la competencia y al poder en términos generales.

En el primero de los casos, lo que moviliza es el agrado por determinada tarea. Hay quienes leen un libro para aprender, pero hay quienes sienten un fuerte interés por lo que están leyendo y eso es suficiente. El ejemplo del libro es muy útil para comprender cómo actúan las obligaciones en la mente para incentivar acciones: dos personas de la misma edad tienen en sus manos el libro “Cien años de soledad”, de Gabriel García Márquez.

Una de ellas, tiene que leerlo por obligación para rendir un examen de literatura en la escuela, pero la otra lo recibió como un regalo de su tía. Ambas tienen más o menos la misma predilección por el realismo mágico, pero la segunda, quien no tiene la obligación de leerlo, lo terminará mucho más rápido que la que sí está obligada.

En la actualidad hay muchas empresas que deciden contratar a sus empleados por objetivos en vez de por horas, es decir que no tienen que cumplir un horario determinado por día. Esto no es azaroso ni para comodidad de los empresarios o los  mismos empleados, sino, por el contrario, es porque numerosos estudios demuestran que mientras menos cosas les sean impuestas  a las personas, más motivadas están para trabajar y mejor lo hacen.

Dentro de los tipos de motivación por logro, se encuentran aquellas técnicas que estimulan a través de los resultados. “Si realizas x cantidad de ventas en el mes, tendrás un plus de dinero con tu salario”, “por cada dos horas de estudio, puedes salir a dar un paseo de treinta minutos”, “si no te aplazan en ninguna materia, podrás gestionar tu registro de conducir”, “si dejo de fumar tendré una salud mejor”, son algunos de los ejemplos más comunes.

Todos son condicionamientos a futuro, pasará determinada cosa si hago tal otra.  Si bien entra dentro de lo que se conoce como los más bien arcaicos, para muchas personas son todavía muy útiles a la hora de incentivar a otras a alcanzar sus metas. “Tal vez no te agrade ir al gimnasio, salir a correr y hacer dietas para mejorar tu peso, pero sí te agradará cuando veas que te entra el vestido que tanto querías ponerte para la boda de tu hermana”.

Las personas estamos, a nivel inconsciente o consciente, todo el tiempo compitiendo unas con otras, observando si podemos superar el accionar de otros en las mismas cosas. Muchas empresas y establecimientos educativos incentivan aún hoy este tipo de fórmulas competitivas que, a largo plazo, terminan por desgastar relaciones aunque no sean estas las intenciones de fondo. ¿Por qué puede resultarnos un estímulo la competencia? ¿De qué manera nos motiva competir con otras personas?

El concepto de triunfo está muy grabado en nuestras mentes; tal es así que muchas veces nos encontramos compitiendo sin haberlo notado o sin desear que así sea. En los juegos, por ejemplo, uno siempre está compitiendo, aunque se diga, porque suena menos egoísta, que se juega únicamente por diversión. Quien participa de una partida de cartas, por ejemplo, aunque en verdad no tenga otra cosa que hacer en ese momento y no haya ningún premio designado para el ganador, estará compitiendo y deseará profundamente ganar. En las academias y en las empresas, este concepto es optimizado para estimular a estudiantes y trabajadores, aunque insistimos con que no es, seguramente, el método más sano para las relaciones sociales.

Otro de los tipos de motivación existentes está vinculado con la idea de poder. El poder es esa superioridad que podemos tener en relación a otros y que puede ser otorgado por factores muy diversos entre sí, es un concepto también relacionada con la anteriormente mencionada competencia. Uno de los factores que motiva con tendencia a conquistar el poder es la consecución de dinero: mientras más dinero  tengas, mayor posicionamiento social tendrás, pues podrás obtener los bienes y servicios que consumen las clases más altas.

El control de la información también es un factor importante: si el empleado de un sector de determinada empresa maneja información que nadie más maneja, podrá exigir compensaciones de la índole que desee puesto que será recompensado sin correr riesgos de despido. Esto también se llama manipulación o extorsión.

Motivus es un término de origen latín que significa estar en movimiento, y de allí deriva, precisamente, la palabra motivación. Dentro de los tipos, también existe una a la que no detallamos anteriormente por ser difícil de identificar desde afuera, puesto que es lo que llamamos automotivación.

Es tal vez la más efectiva para las personas, pero la más riesgosa para las instituciones, puesto que puede desestabilizar sus planes por completo para dar rienda suelta a las verdaderas necesidades y deseos del individuo. A la mayoría de la gente puede costarle años de terapia descubrir su movilización interna, sin embargo hay pistas que van a apareciendo a lo largo de sus vidas y en general dejan pasar. Por ejemplo, los impulsos y la intuición, la necesidad inexplicable de hacer determinada acción o decir determinada cosa a alguien, provienen de esta región de la personalidad.

La automotivación es el único de los tipos que no cuenta con ningún componente externo, ni siquiera está manipulada por la cultura. Las necesidades fisiológicas son propias de cada ser humano, el resto de las necesidades intrínsecas a sus rasgos personales también, pero tal vez es en este ejemplo cuando mejor se entienden: si tienes hambre, no importa que te digan que no tienes, no importa lo que suceda a tu alrededor, lo único que saciará tu deseo será, efectivamente, comer.

Por último, es muy importante saber diferenciar los tipos de motivación según el ámbito en el que se aplican. La motivación en el trabajo jamás será la misma que para estudiar o para ir al cine. Para hacer una salida social, algo que nos divierta, como salir a cenar, tomar un helado, ir a bailar o a ver un espectáculo artístico, la motivación aparecerá prácticamente sola, sin demasiado esfuerzo. Pero para hacer otro tipo de tareas, como estudiar o trabajar, incidirán muchísimos factores más que deberán ser correctamente estimulados para propiciar los resultados que se buscan. Cuando deseamos hacer algo, la movilización interna ya está en marcha y requiere de pocos estímulos para efectivizarse.

Tal vez esperaremos que alguien nos ofrezca acompañarnos, o llevarnos, o que la película que vayamos a ver al cine sea de nuestro interés, aunque tendremos, como se dice comúnmente, el “sí” más fácil que si tenemos que levantarnos a las seis de la mañana para viajar durante una hora y llegar a trabajar en un puesto que no nos agrada con personas con las que tenemos mala relación y sin condiciones propicias ambientales o a ir a la universidad, a estudiar una carrera que nos impusieron, a cursar una materia que no entendemos y que encima tenemos la última oportunidad para rendir antes de desaprobar el año.

En síntesis, la motivación es una sola, pero hay muchos enfoques para entenderla o generarla. Todo aquello que nos movilice a una acción, un motivo para que nos desplacemos desde un punto determinado hacia otro, una razón por la que queremos decir tales o cuales palabras, el motor que nos impulsa a salir a la calle para encontrarnos con ese amigo que hace tanto tiempo no vemos.

El uso de la motivación que hacemos nosotros mismos con nosotros es casi siempre le correcto, salvo que tengamos algunos inconvenientes no resueltos jamás nos obligaremos a hacer cosas que en realidad no deseamos. El problema aparece cuando son las instituciones las que tienen que motivarnos y no encuentran la forma de hacerlo, o bien no se interesan porque estemos motivados en lo que hacemos puesto que tenemos otras necesidades que satisfacer y por eso nos quedamos.

Este último es el ejemplo más claro de la explotación o el maltrato laboral. Eso sí: siempre que las instituciones no nos motiven, ya sabemos que tenemos en nuestro interior las herramientas para cumplir con nuestras obligaciones de las formas más felices posibles.

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