Sin energía no hay estímulo que valga

estimuloEstar estimulado es estar motivado.

El estimulo siempre debe ser sincero.

Sea suspicaz cuando ese gerente malhumorado, quien normalmente mantiene una actitud desplicente, se acerca a usted diciéndole con una sonrisa repugnante: “Me impresionó favorablemente la forma en que abordó hace poco aquel problema con Foxlee”. (De eso hace tres meses y ésta es la primera vez que le mencionan el asunto a usted.) “Me pregunto si estaría dispuesto a ayudar este fin de semana a resolver un urgente problema que se presentó en la oficina de Bogotá”.

El estímulo debe ser sincero y frecuente. No puede simplemente valerse de él cuando necesita algo. En ese caso sería un ardid, sería obrar con falsedad, y la gente dejaría de creerle a usted.

El Líder siempre está estimulando a su personal. Ello obedece a que él mismo está realmente estimulado. “Al paso que vamos, el pedido se entregará dos semanas antes de lo programado” le dirá a manera de estímulo. Hará subir a un empleado novato para decirle: “Realmente, me impresioné al oír esa fabulosa idea que tuvo…”

El tomará del brazo al supervisor, hará un recorrido con él, se reclinará contra la baranda y desde arriba le echará un vistazo a la línea de ensamblaje. “Está funcionando bien, Pacho”, dirá. “La línea está operando sin contratiempos, su gente parece estar muy alerta, la administración es excelente y, lo más importante es que superaste las metas durante toda la semana. Eso me reconforta, Pacho; después del fiasco de la semana pasada tú arreglaste las cosas a la perfección”.

Para encontrar estímulo, siempre está buscando lo positivo que hace la gente. Estimula a sus empleados con vehemencia, puesto que sabe que es la mejor forma de motivarla.

Y cuando las cosas se ponen difíciles, sigue estimulándola, pidiéndole que tenga paciencia con él, puesto que está seguro de que la situación mejorará. Y cuando el Líder está ahí, eso es lo que normalmente ocurre.

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Déjese estimular y estimule. Haga lo imposible por encontrar algo que está andando bien y luego estimule a las personas involucradas. Si tropieza con algo que esté funcionando menos bien, no frunza el ceño, no critique, no se lamente, no levante las manos en señal de desesperación — sino dé un poco de estímulo. Usted ha visto esos problemas antes, sabe que se resolverán.

Dé un estímulo sincero; nada le cuesta, y vale la pena.

 

Energía

energia¿Quién tiene energía para manejar a su personal con buenos resultados?

Esto no es simplemente cuestión de ingerir tabletas de glucosa. El corpulento de Paco Canal, quien se arrellana en su silla, pone los pies sobre el escritorio, fuma pipa y contempla los árboles por la ventana, podría ingerirlas y no cambiarían las cosas. Podría estar considerando una estrategia, pero es poco probable. Lo más probable es que como gerente de Control de Producción carezca de energía para desempeñar su trabajo.

El Líder está rebosante de fuerza. Esta se manifiesta en su enfoque hacia el trabajo, en las cosas que logra realizar, en la emoción que le producen las nuevas ideas, el progreso; se manifiesta en su entusiasmo por gerenciar.

Eso no quiere decir que desperdicie sus ganas, corriendo de un lado para otro con la cara enrojecida, tratando de darle caza a lo imposible. En un Líder, la energía conduce a la eficiencia y no a una actividad inútil. En lugar recostarse media hora con los pies en alto, bajará el área de producción para ver cómo andan las cosas, o hará una llamada telefónica imprevista al departamento de Investigación y Desarrollo a solicitar un informe de progreso del nuevo producto.

La potencia que tiene un Líder le produce elasticidad, tenacidad y la capacidad de llevar a cabo un programa de trabajo en la mitad del tiempo que emplea un gerente geriátrico. Para lograrlo, se mantiene en forma, practica algún deporte si puede, camina, trota y se cuida de no aumentar demasiado su peso. Su almuerzo suele ser liviano y tratará de evitar el consumo de bebidas alcohólicas durante el día. Se enorgullecerá de conservarse saludable.

El siempre tiene energía para recibir a la gente. Es ostensible; la gente la percibe y eso le da fuerzas a ella también.

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Conteste la siguiente pregunta: ¿Con qué frecuencia sueña con jubilarse o con ocupar una posición directiva menos frenética, menos exigente? Si la respuesta es “con mucha frecuencia”, es probable que carezca de energía para desempeñar su trabajo.

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