Me gusta viajar, siempre llevo libros y el que siempre sobrevive es el de Alejandra Pizarnik

Me gusta leer, lo hago desde mucho antes de saber leer, jaja, también me gusta escribir y siiii, empecé mucho antes de saber escribir.

Me gustaba ver el cuaderno de mama, y yo imitaba su letra, intentaba muchas veces y cuando estaba seguro corría donde ella para preguntarle: mama, mira aquí escribí algo, ¿me puedes decir que dice?

Una vez jugaba de explorador en la casa vieja y abandonada del abuelo, fue un éxito cuando logre subir al segundo piso por una escalera de madera totalmente destruida. Estar en ese piso fue un viaje a un mundo muy lejano.

Había tantos libros, tantas botellas, muchas cosas más, un tesoro, mucho polvo y telarañas. Pasaba muchas horas en ese piso descubriendo un mundo muy lejano.

Luego de las vacaciones el profesor de literatura pidió que hiciéramos un cuento con nuestras experiencias, lo mejor que se me ocurrió fue copiarme un cuento de uno de los libros de mi abuelo, unos pocos cambios y puse los nombres de mis amigos.

Fue un cuento sensacional, el profesor de literatura estaba impresionado, me pregunto “¿Luís, lo escribiste tu?”, yo estaba tan seguro que ese libro era el único en el mundo, que dije SI.

¿Recordar es vida verdad? La vida entera he llevado libros, libros que luego he regalado o vendido. Muchos libros ni siquiera los leo, otros los leo tanto que terminan subrayados e ilegibles, pero un libro que sobrevive es el de Alejandra Pizarnik “Poesía Completa”

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