Lo que pocos líderes se aníman a confesarle a su gente

Las glorias del cargo de gerente nunca son visibles.

Todo aquél que confiesa ser un Líder no lo es. Es un gerente superficial en busca de glorias. Jamás admitirá que él es un Líder.

Un Líder no busca la gloria. Su confianza es lo suficientemente grande como para saber que le llegará la hora del ascenso, de los aumentos de sueldo y que a su debido tiempo quienes toman tales decisiones reconocerán su excelente contribución.

Si no se le presentan dichas oportunidades, si no lo tienen en cuenta para un ascenso o no recibe el aumento de sueldo que cree merecer, tratará de averiguar las razones, tratará de aprender un poco, tratará de hacerlo mejor la próxima vez. Y si llega a la conclusión de que la decisión es injusta, la atribuirá al destino. Todos tomamos decisiones incorrectas de vez en cuando.

El está más interesado en la gloria de su equipo, en descubrir los éxitos de éste y en concederle el crédito. Nunca se atribuye el crédito él mismo. Hace un esfuerzo especial por reconocer un desempeño sobresaliente de miembros de su grupo y es totalmente objetivo cuando lo hace. El siempre evita el síndrome del “niño bonito”.

Cuando viene el presidente de la compañía a dirigirle la palabra al departamento y felicitar a sus integrantes por el excelente desempeño que mostraron el mes pasado, el Líder da como respuesta que todo el mérito es del grupo.

El sabe que la gloria es algo que se da, no se toma. No se deja impresionar por los que viven diciéndole que ellos están haciendo una labor maravillosa. Los llamará a un lado: “¿No confia en mi? ¿Por qué insiste en decirme que está haciendo una gran labor? ¿No es acaso obligación mía saberlo? Cuando esté haciendo una gran labor, se lo haré saber”. Y el lo hará.

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Haga que los miembros de su equipo se sientan orgullosos, déles alguna gloria. Si no le es posible, ¿qué está haciendo usted? ¿Acaso no son competentes? Haga que salgan en el periódico de la compañía, o prepare el borrador de una carta que habrá de firmar el presidente, agradeciéndoles el enorme esfuerzo que hicieron para lograr que se despachara a tiempo aquel pedido de exportación. O cuando Juana Carilargo llegue el lunes a contarle que terminó el maratón de Chía en un tiempo récord (para ella), reúna al equipo, felicítenla. Déle a Juana Camargo alguna gloria, la merece.

 

Orgullo

El que carece de orgullo no debiera tener empleo. Enorgullézcase de su gente; ésa es su tarea.

Es cuestión de honor personal. Es falta de honor no rendir el máximo en el trabajo.

Muchas personas tienen miles de razones para no esmerarse al máximo. Se sienten explotadas o mal remuneradas. Perciben que sus condiciones de trabajo no son lo suficientemente buenas, que la empresa las ve con indiferencia, que son tratadas como máquinas y no como personas. Perciben que su progreso profesional está regido por una incesante e indecorosa competencia y que eso no es justo. Se sienten traicionadas por la compañía, discriminadas. No perciben nada de lo que hacen. Y sobra decir que la empresa no siente de ellas.

El Líder es un hombre con orgullo. Mantiene su cabeza en alto y habla en tono elogioso de su gente. Le cuenta a su familia, les cuenta a sus vecinos, a sus amigos, cuán admirable es su gente. Se siente de lo que ha hecho por ellos; de haber mejorado sus condiciones de trabajo; de la forma como todos fueron capacitados; de la forma como todos fueron ascendidos a otros departamentos.

Ante todo, de lo que su gente ha hecho por él, de lo que ella ha logrado.

Los miembros de su equipo también se sienten igual de orgulloso de trabajar para un Líder, de su reputación, de su liderazgo. Se enorgullecen de todos los aspectos de su trabajo: de la calidad del producto y del servicio, de la administración, del espíritu de grupo. Se enorgullecen de lograr excelentes resultados y de vencer a la competencia.

El se sentirá herido de vez en cuando, cuando su gente le cuente que el problema de estacionamiento que prometió solucionar no ha sido solucionado. Se sentirá herido cuando se entere de que su equipo se ha excedido tres dias en la fecha de entrega de un pedido para Blanchard. Se sentirá lastimado cuando Juan Paredes, en quien se tenía plena confianza, es sorprendido robando. Se sentirá herido cuando se olvida de hacer que Lina López suba y hable con él, según lo prometido. Pero cuando su orgullo está lastimado, siempre tomará acción para remediarlo.

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Usted debe tener orgullo de ser gerente. Si no se siente , quédese en casa y reflexione muy detenidamente al respecto.

Sea positivo. ¿De qué se siente realmente orgulloso en su trabajo? ¿De qué se siente realmente como gerente? ¿Qué lo hace enorgullecer de su gente? ¿En qué forma? ¿Se enorgullece de los resultados que usted ha logrado, de los que ellos han logrado? Si puede contestar estas preguntas en forma positiva, mantenga su cabeza en alto y váyase a trabajar.

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