Evite el síndrome de la avestruz si realmente quiere ser Líder

cara a cara La mejor forma de resolver problemas laborales es haciéndolo cara a cara.

Los gerentes que tratan de resolver los problemas laborales a control remoto normalmente fracasan. De nada sirve fijar en el tablero de avi­sos una notificación proveniente del director de operaciones con res­pecto al control de horas extras. El Líder reunirá a su gente y le explicará cara a cara.

 

Si el informe semanal de horas extras indica que determinada sección aún está trabajando tiempo extra en exceso, el Líder no escribirá un rápido “¿Qué diablos está sucediendo aquí?” en el mismo informe, ni se lo devolverá al supervisor. Lo llamará a su oficina y hará que explique el asunto cara a cara.

 

Cuando alguien le escribe un email con­fidencial en que dice que quiere sancionar a un empleado, el Líder irá a verlo en forma presencial, para discutir el asunto. En algún punto probablemente también querrá ver al empleado a sancionar.

El Líder sabe que no se puede llegar a conocer a las personas, ni ellas a uno, mediante emails o por teléfono. Por tan­to, aprovecha al máximo la oportunidad de hacer contac­to, haya o no problemas. Quiere saber qué hace vibrar a las personas. Quiere averiguar cuán reales son, de qué están hechas, cómo son en realidad. Hoy en día con tantos medios de comunicación a distancia el contacto personal se pierde y hay que reinvindicarlo.

También se vale del contacto presencial para fines de formación profesional. Por ejemplo, si casualmente da con un exce­lente informe preparado por un contador júnior, lo hará entrar durante cinco minutos para motivarlo y felicitarlo personalmente.

Con liderazgo anima a su gente para que lo enfrenten en forma igual­mente honesta; por esta razón su puerta siempre está abierta, nunca está demasiado ocupado para dedicarle tiempo a su gente. Sabe que las relaciones laborales eficaces se estructuran hacien­do contacto y no aplicando a control remoto las políticas e instrucciones laborales de alta fidelidad dictadas desde arriba.

Sabe que el contacto directo es la clave para tener éxito en el manejo de personal.

 

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Pregúntese cuántos nuevos contactos cara a cara ha hecho durante los últimos siete días. Si la respuesta es cero, usted no es un líder. Fíjese la meta de hacer al menos un nuevo contacto directo por día con alguien de su empresa.

 

 

Afrontar los hechos

sindrome avestruz

Los peores gerentes, que en mis peores momentos creo son la mayoría, padecen del “síndrome de avestruz”.

Esconda la cabeza en la arena, no afronte los hechos. Aparte la vista, agáchese, escúrrase y eluda el problema.

Pero no el Líder; él afronta los hechos.

Cuando Álvaro hace un comentario despectivo sobre el presi­dente de la empresa frente al Líder y su equipo, el Líder no pretende que no existe problema. Después de la reunión lo llama apar­te, le habla en forma serena y decidida, y afronta los hechos. “¿Qué esperaba lograr con su comentarlo despectivo?” le pregunta. Álvaro se siente incómodo y avergonzado, pero aprende su lección. Lo cual no hubiera sucedido si el Líder hubiera enterrado la cabeza en la arena.

Cuando su especialista en relaciones laborales, su representante lo­cal de personal y unos cuantos más le advierten a usted en repetidas ocasiones que las comunicaciones en su departamento son deficien­tes, no se ponga a la defensiva diciéndoles que usted le informa a su equipo una vez por mes, como si el funcionario de relaciones labora­les y el representante de personal fueran tan idiotas como para no darse cuenta que usted es un experto en comunicación. Escuche, aprenda, explore el problema con ellos y afronte los hechos. Usted podría ser el problema. Entonces aprenderá. Habrá afrontado los hechos.

Ahí está el caso de la nueva secretaria. A usted le preocupa el hecho de que siempre llega diez minutos tarde, siempre está charlando, dura horas escribiendo un email o incluso revisa su Facebook en hora de trabajo. No le agrada la idea de decirle todas estas cosas por temor a estro­pear la relación. Sea gentil con ella y afronte los hechos. “Es posible que yo esté equivocado”, le dirá usted, “pero sucede que me siento molesto por su falta de puntualidad y por el tiempo que se demora en escribir un email”. Ella aprenderá porque usted ejerce liderazgo. Un sentimiento es un hecho. ¡Afronte los he­chos; podría estar equivocado!

 

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Explore esos oscuros pasadizos de su mente en busca de cosas que realmente le causan preocupación en el traba­jo, aquéllas que no le gusta afrontar.

Luego afróntelas, aunque signifique, por vez primera, ser honesto con su jefe, o con alguien de su equipo.

Pero, ante todo, anote sus preocupaciones y analícelas con cuida­do.

Asegúrese de que está informado de aquello acerca de lo cual va a hablar. Luego enfréntese en forma honesta a las personas que le cau­san estas preocupaciones y discuta el asunto con ellas. Le sorprende­rá el resultado. Después se sentirá mejor y su desempeño mejorará en forma dramática.

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