Empresarios Exitosos

personajes de exitoLas diez claves de los empresarios exitosos

Para hacer dinero no hay una fórmula mágica, y si la hubiera alguien ya sería millonario por haberla vendido. Frecuentemente vemos personas con alto poder adquisitivo y no podemos evitar preguntarnos “¿cómo lo han hecho?”. Claro que algo tienen que tener para obtener logros en los negocios; he aquí las diez claves de los empresarios exitosos.

1 – La esencia del negocio es nuestra, lo demás se puede delegar

Las empresas pueden requerir mucho tiempo a sus dueños e integrantes. La experiencia demuestra que no es saludable centralizar las tareas en una sola persona, ya que finalmente no podrá realizarlas todas o lo hará de manera menos eficiente, pudiendo limitar incluso el crecimiento de la firma.

Los empresarios de éxito saben qué, a quién y cuándo delegar. Ellos no están las 24 horas del día pendientes de los estados contables, el funcionamiento de los sistemas informáticos ni diseñando una nueva estrategia de marketing. Algunas funciones sí requieren indispensablemente que sean desarrolladas por ellos mismos, como encuentros con otros empresarios, reuniones de comisión directiva, etc.

Si nos dedicamos a la compra y venta de autos, del posicionamiento en internet debe encargarse un especialista SEO; si abrimos un local gastronómico debemos pensar en politicas de la casa y el target al que deseemos apuntar, mientras que los mozos serán los que atiendan las mesas.

Tarde o temprano acaparar todas las funciones será contraproducente, en parte porque hay quienes son especialistas en cada tarea.

 

2 – El tiempo lo pone el mercado

Las vacaciones en la arena de Miami tomando un trago frente al mar son geniales, pero para tenerlas primero hay que hacer muchos sacrificios. Si pensamos llevar a cabo negocios de lunes a viernes y descansar los fines de semana estamos mal parados. Los tiempos en el comercio no los ponemos nosotros, sino el mercado; y es por ello que probablemente debamos trabajar en momentos que no teníamos en cuenta, incluso en muchos que no nos gustaría hacerlo.

Los emprendedores exitosos están en permanente seguimiento de los sucesos en la empresa, sobre todo en sus inicios. No se encargan del sistema informático, pero se enteran cuando falla y piensan en alternativas y soluciones.

Luego de un tiempo en el que las cosas se acomodan, sí pueden dejarse en “piloto automático” y planificar los tiempos más concretamente.

 

3 – El éxito no se encuentra, se busca

Hay negocios que pueden conocer el éxito y otros, la mayoría, el abismo del fracaso. Y estos últimos casos no se dan por la desgracia del destino, sino porque no han sido correctamente estudiados, planificados o ejecutados.

No podemos esperar iniciar o continuar un negocio sin conocer las variables del mercado, cómo interactúan entre ellas y cómo se van modificando, y que todo sea un éxito. En ese sentido, las investigaciones de mercado son piezas importantes y pueden esclarecer los factores que inciden fuertemente en un mercado.

No dan un paso sin tener certezas, y es por eso que realizan evaluaciones, a veces ellos mismos y otras contratan agencias especializadas, para comprobar que sus ideas tienen sustento en lo fáctico, y así minimizar los riesgos.

Los casos en que se lanzan negocios sin analizar el mercado antes y tienen éxito casi no existen en la actualidad ante tanta competitividad.

 

4 – No siempre cobrar más es ganar

Cuando vemos a empresarios de éxito con sus ropas de grandes marcas y autos caros podemos llegar a pensar que han de cobrar hasta por respirar. Como dicen el refrán, no debemos justar sus logros sin conocer sus sacrificios.

No siempre facturar más dinero nos significará un beneficio. Cuenta la fábula que tres hombres adinerados daban a elegir a uno pobre entre dos monedas: una pequeña y otra más grande que era de menor valor. El pobre siempre escogía la más grande, por lo que los adinerados repetían el juego una y otra vez burlándose de su ignorancia. Sin embargo, el de pocos recursos distinguía perfectamente el valor de las monedas y cada vez juntaba más; él sabía que si elegía la de mayor valor el juego se acababa y no volvía a repetirse.

En los negocios no siempre debemos cobrar por absolutamente todo lo que hacemos o tratar de explotar al máximo el jugo económico de una ocasión para ganar más. Los buenos gestos y la ética suelen abrir más puertas en el mediano plazo.

 

5 – No todo está creado, y lo que está no llegó a todos los mercados

Los negocios no tienen por qué ser algo novedoso; pueden serlo, claro está, pero no resulta una condición excepcional. Es común que los empresarios exitosos hayan traído los formatos del comercio de otros lugares del globo terráqueo. También puede tratarse de emprendimientos de una misma zona, pero encontrando un segmento que no tiene su necesidad totalmente satisfecha.

Un ejemplo de un negocio muy tradicional como las heladerías o cremas heladas. Hace muchos años es explotado y no implica nada nuevo; mas sí sería innovador inaugurar una sucursal en el local frente a la playa de la ciudad, ya que en esa zona no hay. O quizá la ciudad esté colapsada de heladerías, y pensando en un local de yogures helados (muy de moda en Europa) encontremos un producto novedoso.

Es importante que quede claro: no todos los productos se han inventado, no todos los inventados están en un lugar geográfico, y aunque lo estén puede que no estén satisfechos todos los segmentos.

 

6 – Son políticamente correctos, casi siempre

Un hombre de negocio mantiene relaciones frecuentemente con muchos sectores: clientes, proveedores, competidores, sectores relacionados con la actividad, etc. Al haber intereses en juego es probable que surjan roces en distintas oportunidades.

Saben ser políticamente correctos cuando corresponde, respetando otras posturas o incluso reveses cuando el emisor es un actor con el que conviene estar relacionado. Y también habrá competidores, cliente y proveedores que nos signifiquen más perjuicios que ventajas. Es común y necesario romper vínculos con ellos, haciendo respetar y valer el negocio.

 

7 – Nada es imposible

Los empresarios exitosos piensan y actúan según les convenga a sus empresas. Las acciones podrán estar limitadas a los recursos y posibilidades reales de ejecución, pero el pensamiento debe ser totalmente libre. En el comercio se debe pensar sin restricciones, la viabilidad se estudia en una segunda instancia.

 

8 – Si no se cobra, no vale

Hemos dicho que en algunas ocasiones puede intencionalmente no cobrarse el máximo que se podría, con vistas a mejorar otros factores (por ejemplo, la relación con un cliente) que luego sí repercutirán en mayores ingresos económicos.

En contrapartida, tampoco debe darse un producto o servicio gratuitamente si la situación no lo amerita. Si un interesado solicita un período de prueba, por ejemplo, no debemos dárselo: si no se cobra, el producto o servicio no vale.

 

9 – Invertir lo que corresponde

Para ser un empresario exitoso hay que tener una empresa que logre los objetivos propuestos, y eso implica invertir. Esperar resultados sin invertir dinero y sin darle tiempo al negocio conllevará un rotundo fracaso. No se debe escatimar la inversión en factores clave como diseño, comunicación, publicidad, instalaciones, distribución. Si así afuera, gastaríamos nuestro dinero. Las inversiones requieren montos determinados óptimos para el éxito; no son sus márgenes los que se deben achicar, sino los de los ingresos aumentar.

 

10- El éxito lo da lo imagen

Si nos detenemos un momento a pensar los comerciantes que conocemos, seguramente tendrán algunas características en común vitales para reconocerlos como tal. Sin esta décima clave, las anteriores se verán minimizadas a punto tal de poder afectar el éxito del negocio.

Por lo general, se visten con camisas; pueden ser más tradicionales y utilizar saco y corbata, o un poco más informales con los primeros botones desatados que desestructuran. La imagen que pretenden dar con su vestimenta es la misma a la que apuntan los candidatos políticos.

Sus cabellos están arreglados y prolijos, nada de peinados al viento. Son comunes ver accesorios que adornan sus cuellos (cadenillas de oro o plata, por decir), pulseras doradas y relojes costosos y brillantes. También los perfumes son un elemento frecuente, y los zapatos brillantes.

Los automóviles son otro de los factores que inciden en su imagen. Históricamente idóneos en el marketing lo han dicho: “si tienes un auto común, estaciónalo a la vuelta de la esquina y llega caminando; si tienes un Mercedes Benz frénalo en la puerta del lugar a donde vayas y trata de llamar la atención lo más que puedas”.

 

En los negocios las impresiones entran por los ojos; difícilmente imaginemos un hombre que sea relevante en el comercio sin una buena presencia física. Y puede que hayamos visto muchas personas subirse a un auto de alta gama pero que en la realidad renta un apartamento. Al menos hacia la sociedad es una mera cuestión de imagen.

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