Emprendedor

emprendedor Es cierto que cualquier persona puede emprender un proyecto de negocios, pero para triunfar no se requiere únicamente la convicción personal de que se logrará.

Ser un buen emprendedor no se trata de manera exclusiva de tener voluntad por hacer, sino que es necesario aprender a emprender, y esto, además de con la experiencia, se logra entendiendo algunas cuestiones básicas de todo lo que implica alejarse de la seguridad de que otro emprenda y estar bajo ese proyecto para asumir el riesgo de proyectar poniendo las cartas propias sobre la mesa.

Si bien no existen fórmulas secretas para ser un emprendedor exitoso, como muchos autores proponen, sí se puede encarar un emprendimiento tomando algunos recaudos que pueden garantizar, mínimamente, no salir perdiendo de la iniciativa.

Estos ítems pueden organizarse por momentos, según el proyecto esté recién siendo trazado, a prueba o en marcha, pero siempre teniendo en cuenta ciertas caracterizaciones de quien emprende.

La primera de las preguntas que surge aparece cuando queremos predecir nuestra capacidad o no para ser emprendedores. Emprender, ¿es una habilidad con la que se nace o es una actitud que hay que ir aprendiendo y desarrollando?  No es tan simple encuadrar este tipo de conceptos en una de las dos categorías (innata o aprendida), aunque la mayoría de los lectores suele buscar respuestas más bien determinantes, nuestra intención no es dejarlos satisfechos, sino que realmente les sea útil lo que leen.

Para nosotros, el ser emprendedor tiene que ver con ingredientes que, claro está, incluye algunas actitudes con las que las personas nacen, pero también muchas otras que hay que moldear, entrenar y optimizar para sacarles provecho. Sin embargo, quien no haya nacido con la actitud de emprender no necesariamente debe auto convencerse de que toda su vida estará sometido a la voluntad de otras personas. Muy por el contrario, puede aprovechar esa debilidad para contrarrestarlo con la fortaleza que la capacitación y el entrenamiento brindan.

Asimismo, quienes nacen con cualidades más bien emprendedoras, no deben fiarse de ellas, pues las tendencias cambian y las costumbres deben actualizarse: no tenía la misma actividad quien emprendía en la década de los noventa que quien emprende ahora, entre otras cosas, por los avances tecnológicos y las nuevas formas de comunicación.

Uno de los primeros pasos, luego de preguntarte si te consideras o no emprendedor y antes de empezar a pensar en el proyecto que quieres emprender, es enumerar las razones por las que quieres encender ese motor. En general, los motivos para comenzar a enfocar todas nuestras fuerzas en un proyecto propio tienen que ver con un desafío personal más que profesional, y hay que tener peculiar cuidado con esa confusión. Podemos demostrarnos que somos capaces de muchas cosas sin poner en riesgo nuestro capital, nuestro tiempo e incluso el de otras personas.

No estamos invitándolos a hacer diez años de terapia psicoanalítica para resolver cuestiones demasiado profundas en este punto, pero sí que mínimamente puedan hacer un listado de entre diez y quince razones por las cuales quieres hacer esto. Si no llegas a cumplir siquiera con esa cantidad, es porque no estás yendo por el camino adecuado; por el contrario, si ves que te salen fácilmente estos motivos y completas de forma veloz la lista e incluso podrías continuarla, deja de dudarlo y lárgate a emprender.

Ya sabes por qué quieres ser emprendedor, ahora veremos qué tipo de negocio es el que deseas emprender. No es lo mismo pensar en escribir un libro que en montar una empresa o hacer realidad un invento que tienes en mente desde hace tiempo. Si se piensa en una idea comercial, es muy diferente emprenderlo en soledad que con una o más personas y, en caso de hacerlo entre varios, existen distintas modalidades de formalización y de trabajo.

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Por otra parte, debes asumir que todo negocio requiere una inversión, por lo que deberás trazar un presupuesto que satisfaga esas necesidades, pero también que se adapte a tus posibilidades económicas. Asimismo, es importante generar un plan de negocio, sin importar de qué se trate el proyecto, siempre se requiere de organización para concretarlo. Así, si se trata de un libro podrás pensar en cuántos capítulos escribirás por semana y, si se trata de una empresa, puedes trazar objetivos monetarios en relación a los ingresos quincenales o mensuales.

Para generar un emprendimiento se necesitarán recursos y lo ideal será saber administrarlos o contar con alguien que sepa hacerlo. Estos recursos serán financieros, económicos, materiales, y en algunos casos naturales y humanos. Vamos a trabajar sobre un ejemplo para que puedas comprenderlo mejor: imaginemos que tu emprendimiento tiene que ver con la confección de mesas de madera de pino.

Necesitarás la materia prima (madera de pino), los materiales (cola de pegar, tornillos, clavos, barniz, etcétera), las herramientas para confeccionar las mesas y, dependiendo del volumen de producción que asumas, empleados que se ocupen de construirlas. Para todo esto, será preciso que tengas un capital inicial para invertir, puesto que tendrás que arriesgar para saber si ganarás. Además, tendrás que conocer diferentes líneas de financiación para tomar una vez que hayas iniciado el negocio, ya que difícilmente te las brinden únicamente con el proyecto.

De nada servirán los materiales y las herramientas si no hay dónde construir: puedes alquilar un galpón para trabajar y un local para exhibir la mercadería, o bien un local grande del que puedas destinar gran parte a la construcción de las mesas. Existen otras formas de realizar la venta de las mesas, como puede ser por catálogo o con vendedores ambulantes, así como en ferias, pero este tipo de comercialización no suele adaptarse a todos los productos y servicios que un emprendedor puede querer brindar.

Siguiendo con el ejemplo de la confección y comercialización de mesas, hay cuestiones que no pueden descuidarse, como lo son la realización de un estudio de mercado y de la competencia. Existen numerosas empresas consultoras que se ocupan de realizar este tipo de trabajo a las que puedes contratar, pero si no tienes el dinero para delegarlo puedes hacerlo tú mismo. El objetivo de esto es conocer qué buscan las personas, qué tipo de mesas, cuál es la tendencia de moda, qué tamaños son los más cómodos y se adaptan a las familias contemporáneas, qué formas pueden adaptarse, si se deben barnizar sin color o con color, si pueden tener otros componentes y demás.

Pero, también, es necesario conocer al resto de los comerciantes de mesas de la región. Si en la ciudad hay varias empresas más que realizan mesas de pino, tal vez sea conveniente cambiar el material, a excepción de que tengas muy clara cuáles van a ser las ventajas de tus productos por sobre las de los otros (menor precio, mayor calidad, diseños exclusivos, etcétera), o bien pensar en  otros productos de ese mismo material (sillas, percheros, mesadas, roperos, armarios o lo que se te ocurra). Si hay una falla común en los emprendedores es que muchas veces se quedan con una sola idea y no la flexibilizan aunque tengan frente de sí la seguridad de que no prosperarán con ella.

Es importante estar abiertos a nuevas ideas, a incluir cambios en los negocios y a adaptar el emprendimiento a las necesidades de la sociedad, porque será la única forma de que esta responda a las necesidades del comercio, y no a la inversa. Nadie, a excepción de las grandes cadenas comercializadoras por el minucioso y costoso trabajo de marketing que realizan, puede imponer en las personas una necesidad, por lo tanto el proceso tiene que ser exactamente opuesto y debes dar respuesta primero a la respuesta de qué es lo que la gente en la región en la que voy a desarrollarme necesita. ¿Puedo dar respuesta a esas necesidades con un negocio propio?

Lo más probable es que sí puedas, pero tendrás que esforzarte mucho, y esa es una de las principales características de un emprendedor, seguramente ya la tengas, pero sino siempre podrás reforzarla.

En síntesis, repasemos las características que una persona debe tener para emprender de manera exitosa:

–          Debe ser creativo o asociarse con al menos una persona que tenga gran capacidad creativa; sin esta habilidad cualquier proyecto está destinado a fracasar.

–          Debe ser pro activo; es imprescindible que quien emprende un negocio sea capaz de anticiparse a los problemas. No decimos que tenga que tener el don de la clarividencia, pero sí que sea un buen observador y analista de la realidad.

–          Debe tener la dosis justa de cautela y empujón; una persona completamente cautelosa jamás arriesgará nada en un negocio, y está claro que quienes no arriesgan nada tampoco ganan nada. A la inversa, si se trata de alguien muy impulsivo, puede perderlo todo por seguir de manera terca una idea.

–          Por último, debe saber delegar. Si bien no hay problema en comenzar un negocio solo, el trabajo suele sobrepasar a las personas, y va a ser el momento perfecto para asociarse con otras y empezar a delegar, sino te desgastarás y pronto abandonarás tus propios logros.

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