Descubra si se encuentra usted íntegro para ser un líder?

¿Qué precio ponerle a la integridad cuando deben sobrevivir los más capaces y prevalece el instinto asesino? En otras palabras, ¿es posible llegar a la cima y al mismo tiempo tener integridad?

Hay un lenguaje que suele usarse entre gerentes — “clavarle a alguien el cuchillo por la espalda”, “hacer caer a alguno en el lodo”, “cubrir su rastro”, “volverse un adulador servil”, “estar dispuesto a matar”.

Es el lenguaje de la selva. Es el lenguaje de los atemorizados que se mueven en la oscuridad, donde la honestidad, la responsabilidad y los principios no cuentan. Es el lenguaje de una organización que no tiene integridad. Es el lenguaje en que el juego limpio y la justicia brillan por su ausencia.

En la selva, las reglas nunca son claras. Usted tiene que establecerlas sobre la marcha para poder sobrevivir. Debe estar en “el lado correcto” de Tomás Méndez del Departamento de Finanzas, o relacionarse con Beatriz Morales de Relaciones Laborales. Jamás debe “cruzar espadas” con el presidente de la junta directiva, pues de lo contrario él se empeñará en “darle bala” (por mezclar metáforas).

El Líder se mantiene alejado de la selva. El es de una fortaleza absoluta. Todos sabrán que él es un hombre de principios, que es ciento por ciento honesto. Nunca verá al Líder jugando con la vida de su gente.

El rehusará unirse a cualquier forma de combate de selva, aun si ello significa arriesgar su empleo. El busca siempre tomar, y lograr, decisiones justas y objetivas. Las reglas en que se basa para dirigir siempre serán comprensibles para la gente de su organización. El no tendrá un grupo selecto de “niños bonitos” ni de “combatientes de la selva”, mercenarios. Nunca encontrará al Líder tratando de “degollar a alguien” o de “meterse a escondidas por la puerta trasera”.

El no espía a su gente, ni tampoco trata de cogerla desprevenida. El no sale de cacería de brujas, ni tampoco va en busca de chivos expiatorios. El Líder sabe que la mejor forma de lograr ganancias es que los empleados y los clientes respeten a la empresa por su integridad. Se verá reflejada en la administración y en el liderazgo de la empresa.

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¿Se enorgullece usted de su integridad? Si no es asi, ¿por qué no? Mire a los gerentes de su empresa, los que trabajan para usted, los que son sus jefes, los de otros departamentos o los de otras empresas. ¿Cuántos demuestran un alto grado de fortaleza? Póngase a la cabeza de la lista y dé el ejemplo.

 

Preservar la dignidad

Constituye el factor primordial para mantener una relación efectiva.

Todos podemos perder la misma. Quizás suceda cuando alguien nos pone mala cara, nos insulta, nos hace sentir como unos tontos o se burla de nosotros.

Perderla es, con frecuencia, el resultado de un comportamiento no intencional de parte de la otra persona. Podría ser la terminación abrupta de una llamada telefónica, o una mirada aburrida o el hecho de que no nos miren a los ojos. (Es muy importante mirar a los ojos de alguien.)

Nadie quiere sentirse pequeño. Todos tenemos una dignidad interior que queremos preservar; basada en el amor propio y en la conciencia de que si a uno lo empleó esta organización es porque tiene algún valor e importancia para ella.

Todos tenemos que ir a casa después del trabajo y enfrentarnos a un cónyuge o pareja, a niños o a una amistad. Cuando llegamos a casa queremos sentirnos orgullosos de nuestro trabajo. Lo último que quisiéramos sería llegar con el rabo entre las piernas porque hemos perdido la dignidad frente a nuestros colegas, o porque un individuo nos ha menospreciado o nos hizo sentirnos pequeños, indeseados, insignificantes.

Ciertas personas son capaces de hacer frente a tales situaciones, de mantener la cabeza en alto, pero la mayoría se sentirá herida en lo más profundo de su ser, tendrá una sensación de rechazo y de insignificancia.

El Líder es sensible a la dignidad interior de las personas, a su orgullo. Mantenerla constituye una máxima prioridad para preservar su relación con todas las personas que están a su alrededor. Se cuida de menospreciar a alguien, de hacer que las personas se sientan mal. Hace todo lo posible por hacernos saber que somos tan importantes para la organización como todos los demás.

Cuando surjan situaciones difíciles, cuando haya que afrontar los hechos de un comportamiento o desempeño deficientes, el lo hace con dignidad, con el propósito de mantenerla . “Mira, Ricardo, no te gustará lo que voy a decir, pero quiero ayudarte. El problema es que la forma en que estás comportándote actualmente le crea dificultades a todo el mundo. Siempre llegas tarde, muestras una actitud negativa y, para serte franco, tus resultados están muy por debajo de la norma. Ahora hablemos de cómo podemos superar este problema…” El Líder quiere ayudar, ayudar a preservarla.

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Cada vez que se encuentre con un individuo en el día de hoy, póngase en su pellejo. Pregúntese cómo reacciona cuando usted habla, cuando usted lo mira. ¿Cómo se sentiría usted si alguien le hablara de ese modo, lo mirara de esa manera? Acostúmbrese a estar siempre consciente del impacto que ejerce en la otra persona. Ella es empleada de la compañía, ella es importante. Refléjelo en el modo como se enfrente a esa persona.

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