Criticar por criticar

Cierta vez cuando viajaba en un bus me percate que en el asiento del costado había una persona con varios ejemplares de un libro. Luego de iniciar una conversación me entere que se trataba de un escritor que a la vez era vendedor de sus libros.

Me expreso sus quejas por el editor incumplido y del público poco receptivo de sus obras. Continuamos hablando de sus obras y en un momento se mostró nervioso y se levanto para expresar, con gran voz, su queja hacia el público: que no sabia apreciar la cultura.

“Estos ignorantes pues, la gente es ignorante hermano; no aprecian lo bueno, mas ignorantes, mejor me boy a otro país, y vas a ver allá como si me va bien”.

Se me ocurre que esa ocasión habría sido buena para hacer algunas ventas. Imagino una reacción adecuada, un despliegue de simpatía, un llamado motivador a la participación
autor-lector. Podemos imaginar muchas alternativas de una gestión efectiva para un final feliz.

La mayoría de personas no tienen fe en si mismas, no están dispuestas a asumir su responsabilidad por lo que les pasa. La mayoría de personas no se echa la culpa por nada, es mucho más fácil echarles la culpa a los demás. Criticar lleva un supuesto de mejorar el resultado, pero ocurre todo lo contrario.

Por centros de años se ha comprobado que la crítica solo contribuye a empeorar una relación. Con mucha facilidad calificamos a las personas por lo que hacen, y a nosotros mismos por nuestras buenas intensiones. Así sentimos que somos incapaces de hacer algo malo.

Veamos esta figura: nos sentimos buenos, no tenemos fe en nosotros mismos; resultado: pereza por ponerse en acción. La experiencia ha demostrado que muy pocos que logran una motivación impulsiva y una persistencia de levantarse después de las caídas, salen a delante.

¿Pero que es lo que realmente hace que las personas triunfen?

Como el 99% de las personas no se critica y menos aceptan una crítica, podemos ver que la crítica es inútil; solo provoca que las personas suban la guardia y no logran que estas personas hagan lo que se desea.

En cambio si se premia a las personas, esto provoca un mayor aprendizaje, motivación y eficacia. Lograr motivación, persistencia y excelencia es lo menos frecuente en nuestra sociedad, es lo viejo, es lo común. Lograr lo nuevo requiere nuevas formas de aprendizaje, nuevas formas de pensar.

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