Conviene tener socios para comenzar?

Un nuevo emprendimiento no es cosa de todos los días, al menos para el común de la gente. Montar un negocio significa comenzar el camino hacia distintos objetivos que nos proponemos; podríamos realizar ese trayecto solos, por nuestra cuenta, o acompañados de uno o más socios. ¿Es conveniente tener compañeros de inversión? Analicemos distintas variables.

Para montar un negocio, uno de los requisitos importantes y que determinará la magnitud será la inversión que realicemos. Salvo que contemos con un importante capital de entrada, ya tendremos un buen motivo para asociarnos. En la mayoría de los casos, el dinero aportado los primeros meses se divide en partes iguales según la cantidad de socios tenga la empresa conformada. El cálculo demuestra que si sumamos un compañero, invertiremos la mitad, con dos la tercera parte, y así sucesivamente.

También será saludable para nuestro bolsillo considerar los gastos mensuales; quizá con la empresa funcionando y establecida en el mercado el panorama sea distinto, pero al principio habrá más y mayores números que se acumularán en el haber. Si tengo pensado montar un negocio grande, incluir terceros que nos acompañen en el compromiso de las erogaciones nos dará el oxígeno que no abunda en los comienzos.

En contrapartida, en dicho caso los ingresos también se dividirán; sumar demasiados socios podría dejar ganancias pequeñas, quitándole el atractivo a la inversión. Lo ideal es encontrar el punto de equilibrio entre un aporte inicial cómodo y sin tanto riesgo, y una buena remuneración por él.

Comenzar un proyecto propio es una decisión importante, y puede ser la única en la que coincidamos con otras personas. Fundar una empresa con pares hará que el poder de toma de decisiones se fraccione entre todos los que aportan capital. Esto puede ser beneficioso para quienes no desean llevar toda la carga de la responsabilidad sobre sus hombros, y dificultoso para los más personalistas. El emprender requiere tomar decisiones sistemáticamente, y a menos que se encuentre una forma de resolución efectiva, ponerse de acuerdo entre los inversores suele ser problemático.

De hecho, muchas ideas terminan fracasando simplemente porque los miembros de las empresas tienen perspectivas demasiado diferentes en cuanto a la proyección, el mercado, las acciones a seguir, etc. Si pretendemos socios, debemos estar seguros que podremos ponernos de acuerdo y tomar decisiones en conjunto más allá de las eventuales diferencias. Es preferible esperar el momento o la compañía adecuada a montar un negocio con quienes no nos complementamos, ya que estaríamos condenándonos al fracaso.

Es importante también que cada uno de los emprendedores de la nueva organización tenga el mismo grado de compromiso; cualquier diferencia en él podría provocar roces innecesarios. Y aunque es una realidad que a veces un socio invierte más dinero, y los otros se abocan más a tareas administrativas o de ventas, el compromiso igualmente debe ser el mismo, porque las pérdidas son siempre dinero y tiempo, y el tiempo es dinero.

 

Otro factor que puede pesar al decidir si incluir o no a terceros es la experiencia; juntarse con personas que ya hayan incursionado en algún rubro podría ahorrarnos muchos errores y hacernos más eficientes.

Trataremos entonces de analizar cuestiones como inversión, gastos, ingresos, empatías, formas de trabajar y experiencias para determinar si sumar socios nos jugará a favor, o no.