Cómo ser un buen líder

buen liderTodas las personas que tienen a su cargo algunas tareas vinculadas al liderazgo tienden a preguntarse cómo ser un buen líder.

Sin embargo, no es una novedad que cualquier respuesta que intentara aproximarse a una verdad absoluta en relación a este tema sería falsa, pues no hay recetas para liderar, aunque sí algunos trucos para desarrollar las habilidades involucradas en esta característica mezcla de innata y aprendida.

No hace falta aquí autodefinirse como líder tampoco, bastará con tener grupos a cargo para interesarse en formar estas cuestiones para hacer crecer sus equipos de trabajo, estudio o lo que fuera.

¿Cuál es la primera característica que debe tener? Para que una persona pueda conducir grupos de forma adecuada y descubrir dentro de sí sus habilidades con el objetivo de potenciarlas, primero deberá aceptarse y estar en paz con sí misma.

Esto no significa que tengan que realizar un retiro espiritual ni someterse a años de psicoterapia, sino que deben aprender a auto conocerse, auto comprenderse y auto respetarse, para ser auto dependientes, que no es lo mismo que independientes. La auto dependencia es un concepto relativamente nuevo que se aleja por completo de la dependencia (emocional, física, laboral, etcétera) pero sin posicionarse en la innecesaridad de lo otro. Significa que podemos tomar nuestras propias determinaciones confiando en nuestro criterio, pero en sintonía con un ambiente y un contexto que nos rodean. Para alcanzar la auto dependencia es necesario conocerse mucho y desarrollar al máximo la confianza en el criterio propio.

Sobre el criterio propio en relación a cómo ser un buen líder, es importante destacar que requiere de un costoso proceso de construcción de la identidad. La información, acerca de todos los aspectos de la vida, suele llegarnos procesada ya desde alguna perspectiva, a excepción de las escasas cosas que somos capaces de experimentar por nosotros mismos.

Para generar una opinión propia acerca de las temáticas que nos interesan, lo primero es asumir y aceptar que no existe la objetividad y que todo, incluida nuestra posterior visión, tendrá un sesgo subjetivo de fondo.

Una perspectiva personal sobre una problemática o cuestión se alcanza únicamente si se tiene la posibilidad de acceder a diferentes posicionamientos sobre ella, así que es necesario recabar información que nos muestre lo sucedido desde distintos ángulos.  Solo a partir de allí podremos entender bajo nuestro propio criterio las cosas, aunque siempre estará teñido de impresiones ajenas, en general de forma imperceptible.

Pero para entender cómo ser un buen líder no es necesario solo comprenderse y comprender, sino también desarrollar el autocontrol y el sentido de justicia, aspectos básicos de la conducción de grupos.

El autocontrol tiene que ver con no dejarse dominar por las emociones, sean estas positivas o negativas: saber que siempre se puede tener un control racional de lo que sucede con los sentimientos, específicamente con los de ira y frustración, entre otros. Profundizar la paciencia y conocer algunas técnicas de respiración o visualización para alejar estas sensaciones desagradables puede ser una buena técnica a tener a mano.

En relación al sentido de justicia, nadie dice que un líder tenga que ser un juez o tener la verdad sobre cada uno de los temas con los que se tope, pero sí es indispensable que pueda balancear equitativamente entre los intereses propios, del grupo y, si lo hubiera, del grupo al que representa. No es lo mismo liderar un equipo de fútbol que liderar el departamento de compras de una empresa, puesto que en este último caso se están representando también intereses ajenos (los de la corporación).

Si Juan y Ramiro se enfrentan en una discusión sobre la forma en la que deben doblar las servilletas para presentar en la mesa de invitados y el primero opina que deben ser dobladas de forma rectangular mientras que Ramiro cree que deben ser triángulos, el rol que deba asumir es automáticamente el de mediador.

Saber mediar es parte también de entender cómo ser un buen líder, y de ahí viene el sentido de la justicia. Para liderar una mediación, es necesario en principio (y durante todo el conflicto) no tomar partido por ninguna de las partes, sino que hay que actuar como un árbitro neutral. En el caso de Juan y Ramiro, lo interesante sería que ambos expongan el porqué de las formas de doblar las servilletas que proponen e intenten explicarse mutuamente las ventajas y desventajas para alcanzar juntos una determinación común.

Para liderar es necesario tener capacidad de decisión, lo que jamás debe ser confundido con autoritarismo, puesto que en ese caso se estaría cayendo en un estilo de liderazgo negativo. Si bien el estado de duda es sumamente sano para cualquier persona, no es del todo bueno que el grupo observe al líder en esta actitud, ya que posteriormente podría ocasionar una suerte de desconfianza que, una vez instalada, puede ser muy difícil de remontar.

Como ser un buen líder no tiene recetas, tampoco las tiene el realizar las elecciones acertadas. Para ello es necesario estudiar las  posibilidades, analizarlas, organizarlas, ordenarlas y asignarles un pequeñísimo porcentaje de intuición que siempre es requerido.

Veámoslo en un ejemplo práctico: como líderes tenemos que elegir entre la marca A y la B de las bandejas que compraremos. Ambas tienen una calidad similar, las dos muy buenas, aunque la marca A ofrece un cinco por ciento de descuento sobre el precio final. Sin embargo, usted conoce a mucha gente que ha trabajado con la marca B y pocas con la A, aunque no descree de ella. En esa situación, ¿Qué haría? Lo más normal sería que escoja la marca B, aunque salga un cinco por ciento más cara, pues entenderá que de elegir la A podría estar poniendo en riesgo a la producción, por el solo hecho de abaratar ínfimamente los costos.

Desde el punto de vista económico, sin embargo, hubiera elegido la marca de bandejas A, pero se dejó influenciar en parte por su intuición. Esta es la única forma de tomar decisiones acertadas. Y recuerde: permítase dudar, pero no demuestre a los grupos que está dudando.

La planificación es una herramienta clave del liderazgo: no podemos pretenderé que los grupos trabajen de forma organizada y cumpliendo objetivos si primero no hacemos una buena planificación de las acciones a seguir.

Planificar incluye establecer de forma estratégica la utilización de los recursos, tanto humanos como materiales, pasando por el tiempo y el espacio. Mientras un grupo dobla las servilletas, el otro fajinará las copas y el otro planchará manteles para el evento de la noche, esa es una forma de organización, entre muchas otras que se les pueden ocurrir. Sin planificación, se desperdicia tiempo y recursos, haciendo que todo sea mucho más difícil y termine generando incluso pérdidas económicas.

Se descubre también siéndolo, pero para serlo otra de las condiciones indispensables es el carácter. El buen humor y la simpatía son claves a la hora de liderar, puesto que las emociones son fácilmente “contagiables” cuando se quiere crear un ambiente propicio para el buen desarrollo de un trabajo.

De la misma forma, si usted tiene problemas personales, es importante que trate de no trasladarlos a los grupos de trabajo, porque sus integrantes fácilmente se sentirán desanimados aunque intente evitar demostrarles cómo se siente usted mismo. De aquí, lo más importante es que no finja estar de un humor determinado, que no haga de cuenta que alguien le cae bien cuando en realidad le cae mal, porque la percepción es muy superior que la inteligencia.

Fomentar la cooperación es parte de la coordinación de cómo ser un buen líder. Que los distintos integrantes del grupo que lidera sientan la necesidad de involucrarse participativamente es un logro al que no todos llegan, puesto que tiene que ver con la maduración individual de aspectos personales de cada uno de ellos que no todos están dispuestos a procesar. Por otra parte, no solo tiene que generarse un ámbito cooperativo dentro de los grupos, sino que además deben ser bien coordinados, rol que tendrá que asumir nada menos que, una vez más, el líder.

Orientar los grupos a los objetivos es sumamente importante, pero en realidad, lo más útil es que las personas que los integran puedan comprender por qué deben ir hacia ellos, es decir, que no sean impuestos, sino buscados. Es importante generar entre los miembros que trabajan por objetivos comunes reuniones periódicas para debatir acerca de cómo va el proceso y, al mismo tiempo, para readaptar los fines trazados a la realidad que están viviendo. En este tipo de instancias son fundamentales los espacios para preguntas y repreguntas que obtengan respuestas no solo por parte de los líderes, sino también de construcción colectiva.

Como dijimos al principio, no existen recetas para liderar grupos de manera exitosa, pero sí herramientas que pueden ser útiles para potenciar esa capacidad, potenciando de esta forma el trabajo positivo que ejerce a través de la dirección en los individuos y produciéndose así una retroalimentación exitosa entre el grupo y su líder.

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