Como ser competente y trabajar con eficacia

ser competenteCompetencia es convertir las palabras en actividad y la actividad en resultados.

Los peores gerentes fracasan cuando se trata de superar la primera etapa. Son todo palabras y cero acción. Los que les siguen en incom­petencia son los que se precipitan en todas direcciones, plenos de apa­rente actividad, pero sin lograr resultados que valgan la pena.

No hay que ir muy lejos para encontrarlos; los gerentes de comités, los gerentes que redactan emails, los gerentes de alegre char­la — todos ellos llenos de palabras como de costumbre. Es muy poco lo que logran y en las empresas donde no hay competencia no son des­cubiertos. Hasta que la empresa quiebra.

Las personas de grandes “aleteos” despliegan demasiada actividad, para la cual no les alcanza el tiempo — siempre están hablando por teléfono, corriendo de una reunión a otra, reorganizando su agenda. La persona de grandes “aleteos” nunca tiene realmente tiempo para acomodarlo a usted ni acomodar a nadie. Logra muy poco. También le llegará su hora.

El Líder es competente; siempre está pensando en cómo apro­vechar al máximo su tiempo y el de su gente para obtener resultados. Siempre está evaluando las prioridades en pro de las utilidades y de su gente. Sabe que es más eficaz pasar media hora con un empleado dis­cutiendo las razones que parecen estar obstaculizando su traslado a Relaciones Públicas, que asistir al comité de MRC y oír a diez perso­nas hablando paja sobre asuntos de los cuales saben bien poco.

Ssabe que es más eficaz apretarle los tornillos al Depar­tamento de Personal para que le permita reclutar a un ingeniero de al­to nivel con un sueldo de primera categoría, que aceptar la recomen­dación de ese departamento sobre una persona de nivel inferior con un sueldo más bajo.

Mide su competencia minuto a minuto, hora tras hora, día tras día. Siempre se está preguntando: “¿Qué logro al hacer esto, decidir lo otro, programar aquello?” Cuando en ocasiones no logra los resultados deseados, desconfía de su propia competencia. “¿En qué me equivoqué? ¿Por qué no fui competente?

 

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Reflexione detenidamente acerca de cada paso que dé el día de hoy, de las reuniones a las cuales asista, de los dictados que haga, de las decisiones que tome, de las personas que vea.

Hágase la siguiente pre­gunta, en forma rigurosa y cada media hora: “¿Qué resultados para la empresa, para las utilidades y para la gente se conseguirán con to­das estas palabras y medidas?” Pregúntese: “¿Soy competente en to­das las cosas que hago? ¿Estoy logrando resultados?”

Si usted se en­gaña a si mismo y piensa que es absolutamente competente tiene mu­cho que aprender. Siempre hay una oportunidad para mejorar, de mo­do que vaya en busca de esa oportunidad, aprovéchela y póngase a pensar: “¿Qué puedo hacer para ser más competente?” Debe haber una respuesta.

 

 

Trabaje con Eficiencia

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Un gran sabio una vez dijo: Si usted no puede medir la eficiencia, usted debe ser ineficiente.

Las utilidades están directamente relacionadas con la eficiencia. El Líder lo sabe y siempre lo tiene presente.

La eficiencia es la relación entre la contribución hecha por un em­pleado y el tiempo, el esfuerzo y los recursos consagrados a esa con­tribución.

La eficiencia puede medirse cualitativa o cuantitativamente. La efi­ciencia de un gerente de Producción es fácil de cuantificar, mientras que la de un funcionario de Bienestar deberá medirse en forma cua­litativa.

A veces es necesario recurrir a otros medios para ser más eficiente. Por ejemplo, el Líder podría decidir que la contratación de otras tres operadoras de teléfono con miras a reducir a cinco segundos el tiempo promedio que toma el conmutador en dar respuesta, podría re­sultar más eficaz que ahuyentar a posibles clientes que no pueden comunicarse.

El Líder es un excelente juez de la eficiencia, no solo de la de su personal sino de la suya propia. Considerará lo que de él se requie­re para hacer la contribución más productiva a la empresa.

Estará pen­diente de las tareas clave que debe emprender, de los problemas que debe atender, de la gente que debe ver, de las actividades de desarro­llo que debe fomentar. De este modo no atestará su agenda, sabiendo que la manera más eficaz de abordar problemas y asuntos inespera­dos es dejar mucho tiempo libre.

 

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Dé un paseo, siéntese en una banca del parque (si es un día soleado) o en un restaurante (si hace frío). Déles rienda suelta a sus pensamien­tos durante media hora y trate de hallar tres importantes formas de mejorar la eficiencia en el uso de su propio tiempo en el trabajo.

Tome nota mentalmente.

Regrese al trabajo y tome medidas de inmediato para ponerlas en ejecución.

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