Como defenderte como trabajador de este sector

El rol del trabajador estatal es muy cuestionado por la sociedad, ya que en general suele asociarse a su desempeño con la poca actividad. Si eres empleado público y te molesta ser cuestionado dentro de un estereotipo que no se condice con tu modo de trabajar, aquí podrás leer una serie de consejos que, si todos siguen, servirán para romper con los mitos que hay en torno a ti y a tus pares.

· Cuenta sobre tus actividades laborales como trabajador, para que las personas sepan concretamente qué haces. Evita generalizaciones como “acomodo papeles” y profundiza más, detalla qué tipo de material clasificas, cuáles son tus responsabilidades y cuán importante te has vuelto para el sector en el que participas.

· Explícale a tu entorno que por más que tengas la posibilidad de tomar más cantidad de licencias por ser empleado público, no te las tomarás, porque su goce depende de tus necesidades y no a la inversa.

· Profundiza en lo productivo que es tu tiempo de trabajo, aunque trabajes una o dos horas menos por día que quienes se desempeñan en empresas privadas. Si necesitas más fundamentos, recurre a modelos como el de Francia o Suecia, donde las jornadas laborales de todos son reducidas, pero su productividad es mucho más alta.

· Ten en cuenta que, en parte, las críticas que recibas pueden ser por envidia. Quien cuestione lo que haces, posiblemente daría todo por ser empleado y poder trabajar de la forma en que tú lo dices, pero jamás lo dirá porque tiene orgullo, entonces tampoco se animaría a insertarse en el sector y convertirse en blanco de personas como él mismo.

· Cuando tengas conversaciones con personas que critican el modelo de trabajo del empleado público, recuérdales que tienes la suerte de trabajar para vivir y no de tener que vivir para trabajar, como les sucede a ellos, y que este en realidad sería el modelo perfecto para una sociedad cuyos integrantes puedan realizar más otro tipo de actividades, como las relacionadas con el arte, la cultura y el ocio.

· Si no te convence ninguno de los fundamentos anteriores, y crees que no tienes que defenderte ante nadie porque estás seguro de lo que haces y de cómo lo realiza, entonces dale la espalda a quienes te cuestionan y no los escuches. Posiblemente seas tú quien tiene razón, pero también es posible que el resto no lo comprenda.