Acoso Laboral

acoso laboralPara comenzar a entender el acoso laboral, es importante que quede claro de qué estamos hablando cuando nos referimos a él. Cuando una persona, sin importar su nivel jerárquico dentro de la organización en la que trabajamos, nos hostiga a nivel psicológico o físico afectando nuestro trabajo o con la finalidad de que este se modifique, se trata de acoso.

Se le denomina así, puesto que el acosador busca manipularnos mediante comportamientos que nos afectan negativamente.

Este tipo de conductas, son ejercidas de manera sistemáticas durante extensos períodos de tiempo y no suelen detenerse hasta que la víctima, siendo revictimizada, se aleja de su lugar de trabajo en una situación de total desprotección. Sin embargo, existen muchas formas de hacerle frente a este hostigamiento para que el victimario sea quien sufre la condena de su accionar.

¿Qué lleva a una persona a acosar laboralmente  a otra? La respuesta a esta pregunta suele poder resumirse fácilmente en el término ambición. El sistema económico imperante en la mayoría de los países, es decir el capitalismo, tiende a producir un modelo de trabajo en el que el poder se obtiene avanzando jerárquicamente en la pirámide organizacional. En muchas ocasiones, ese objetivo puede querer obtenerse bajo cualquier obstáculo, incluida la dignidad ajena.

Así, por ejemplo, aparecen casos como el de Antonella, joven asistente administrativa de una empresa de seguros: “cuando ingresé a trabajar a la corporación noté que era muy exigente debido al exhaustivo proceso de selección que tuve que atravesar para comenzar. En el área estaba junto a dos asistentes más, un cadete y una jefa. Ingresé con la categoría inferior, como es de esperarse, pero pronto, tras unos seis meses, por mi buen desempeño ascendí un cargo quedando a la misma altura que una de mis compañeras y debajo de la otra, además de la jefa administrativa.

A partir de ese momento, el comportamiento de Daniela empezó a ser muy hostil conmigo, a tal punto que llegó a insultarme”, declaró durante una entrevista destinada a profundizar la temática.

“Primero empezó a delegarme tareas relacionadas incluso a una categoría inferior a la que antes ocupaba, pero no me desesperé, creyendo que solo era circunstancial por estar sobrecargados de trabajo en el sector. Luego, cada vez que quería emprender alguna labor relacionada con mi nuevo puesto, ella me desanimaba haciéndome sentir inferior y que no lo lograría. A ese punto ya no sabía qué hacer, creí que tendría que renunciar, pero mis afectos me alentaron a conversar la situación con mi jefa” explicó Antonella, quien en ese entonces creyó esperanzada que esa sería la solución a sus problemas. “Mi jefa, una vez al tanto de la situación, me apoyó y empezó a protegerme laboralmente mientras observaba de cerca las conductas de Daniela.

De esta forma, mi acosadora cesó durante un tiempo, pero luego volvió reforzada. Al principio me hablaba en mal tono, levantando la voz, pero un día me insultó y ahí me di cuenta de que ya no podía aguantarlo. Volví a hablar con mi jefa planteándole que renunciaría, pero me pidió que no lo haga, que le diera una oportunidad más a mi abusadora compañera. Así lo hice, yéndome entonces peor de lo que me había ido, pues terminó empujándome por la escalera y generándome dos fracturas en el brazo derecho, motivo por el que quedé incapacitada para hacer mi trabajo durante seis meses”, detalló la víctima.

Este dramático relato no dista demasiado de cualquiera que cuente una experiencia de caída en los llamados círculos de violencia, quedando explícita de esta forma que es una forma de violencia, en la mayoría de los casos psicológica (y no por eso menos grave) y en caso de Antonella, así como en muchos otros, llegando incluso a la violencia física, pudiendo incluirse también la violencia sexual. Al terminar los cuarenta y cinco días de licencia propuestos por el traumatólogo y transcurrido el período de asignación de tareas que no requieran la utilización de su brazo derecho, la joven decidió que era un buen momento para comenzar a concurrir a terapia con una psicóloga, puesto que tendría que convivir con su lugar de trabajo un tiempo extenso más para poder recuperar el dinero que perdió durante su tratamiento.

“En la primera sesión, es más, en los primeros cinco minutos de la primera sesión, mi terapeuta dijo ´tú sufres acoso laboral´, y recién ahí comprendí lo que verdaderamente estaba sucediendo en la empresa en la que trabajaba”, explicó Antonella, quien hasta ese momento jamás se había interesado por la temática. Como ella, lamentablemente las personas no se interiorizan sobre este tipo de problemáticas hasta que no las padecen o las padece alguien de su entorno.

Al comenzar a explorar bibliografía, la joven asistente de la empresa de seguros pudo ir identificando su propia historia. “Recién al leer teoría sobre acoso laboral pude sentirme identificada con la expresión. A partir de ese entonces, mi terapeuta me recetó licencia psicológica y, en simultáneo, inicié acciones legales a la corporación por los daños que me habían causado y me estaban causando con su indiferencia e inacción ante lo que Daniela me hacía. Por cierto, Daniela aún hoy permanece en su puesto, por lo que puedo presumir que siempre fue una protegida”, concluyó.

Es importante saber que tanto hombres como mujeres son víctimas de mobbing, nada tiene que ver el sexo, ni la edad ni la región del mundo en la que viven. Según las últimas estadísticas dadas a conocer sobre la problemática, entre un diez y un quince por ciento de las personas empleadas en relación de dependencia sufren acoso en sus puestos de trabajo, aunque se estima que más del veinticinco lo padece o lo ha padecido alguna vez, sin contar el porcentaje de personas que se predice pueden llegar a padecerlo.

Pese a esto, si hay una franja más propensa a ser acosada, aunque debe quedar completamente en claro que la víctima jamás es culpable de serlo por ninguna condición: la responsabilidad siempre es de quien ejerce el acoso laboral. Esta franja incluye generalmente a las mujeres que recién están comenzando su carrera empresarial, por estar mucho más expuesta que quienes tienen experiencias y por la mirada sexista del común de la gente que tiene a creer que a los hombres hay que respetarlos más.

También es muy común que sean acosadas las mujeres embarazadas, las madres, las mujeres y los hombres recientemente casados y las personas homosexuales, así como quienes sufren alguna discapacidad física o mental. En todos estos casos, el abuso psicológico es aún superior.

Por otra parte, en el mencionado caso de Antonella, el acoso era fácilmente comprobable, no solo por las secuelas físicas resultantes del mobbing (las dos quebraduras en su brazo), sino también porque numerosos testigos prestaron declaración y fue aceptado como prueba legal el informe psicológico entregado a la justicia por su terapeuta. Sin embargo, resulta muy difícil lograr probar este tipo de sometimientos ante la justicia.

Esto no implica bajo ningún concepto dejar de denunciar a los responsables como corresponde, pero muchas veces es más factible llegar a un acuerdo económico con la empresa que esperar a que un juez consiga testimonios de compañeros de trabajo (siendo esto muy difícil por el temor implícito o explícito de los testigos de perder su fuente laboral) o pruebas concretas si es que no existen secuelas físicas visibles como herramientas probatorias.

El acoso laboral deja importantes consecuencias en quienes lo padecen. Las primeras manifestaciones son la pérdida paulatina de la confianza en sí mismos, haciéndose frecuentes las frases auto desmoralizadoras o auto destructivas. Posteriormente, la víctima pasa por una fase de culpabilidad, creyendo el acosado que es él mismo quien provoca las conductas agresivas de su opresor. Luego llega el estadio de la toma de conciencia, cuando el trabajador acosado entiende y le pone nombre a la situación que le están imponiendo.

En esta instancia son dos cosas las que pueden suceder: o la víctima entrará en una depresión muy fuerte creyendo que ninguna acción valdrá la pena, o comenzará a buscar las formas en las cuales hacerle frente al abuso que sufre.

Hoy en día, siendo conocido en todo el mundo este problema como tal y las graves consecuencias que trae a las personas y a las organizaciones involucradas, son muchas las empresas que trabajan cotidianamente en la prevención del mobbing.

Abundan las corporaciones, sobre todo las grandes, en las que se contrata a un psicólogo laboral que trabaje diariamente con el personal, no solo con el objetivo de generar diagnósticos empresariales minuciosos, sino también con el de estar a disposición de cualquier empleado que necesite hablar brindándole la seguridad de que se encuentra en confianza y al mismo tiempo la contención que requiere para poder afrontar las situaciones traumáticas que debe afrontar.

Sobre el acosador, hay dos teorías construidas: una que indica que debe ser expulsado de la empresa bajo un despido con justa causa, y  otra que sostiene que también es víctima de un sistema que lo vuelve ambicioso y que debe brindársele un tratamiento para su sana reinserción en la organización.

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