2 habilidades de líderes que la mayoría olvida

honestidadHonestidad

Existe el mito de que los gerentes demasiado honestos son políticamente incompetentes y administrativamente ingenuos.

Nadie discute que es deshonesto alterar las cuentas de gastos, meter la mano en la caja registradora o decir mentiras en la hoja de vida.

Pero la deshonestidad es más sutil que el simple fraude o la vulgar mentira. Es más común en materia de exposición de motivos y declaración de opiniones. Ocurre más a menudo mediante la omisión de ciertos hechos y la alteración del balance.

Conducir a conclusiones erróneas por omisión equivale a ser des­honesto. En la gerencia está muy difundida porque las empresas suponen que si se dice toda la verdad (más pérdidas, más pleitos, más quejas) se echará a perder la confianza en los negocios. Ello genera un clima de deshonestidad y desconfianza a lo largo y an­cho de la organización y más allá de ella. Una declaración deshonesta producirá un millar de declaraciones similares. Nadie dará crédito a nada de lo que la compañía diga.

La deshonestidad entre gerentes se manifiesta en las compañías agobiadas de rivalidades (politiquería). Por ejemplo, el gerente intrigan­te que pinta un cuadro muy negro de lo que está sucediendo en otro departamento cuando habla con el presidente de la compañía, está pro­cediendo en forma deshonesta al omitir sus motivos: el interés en ma­nejar ese otro departamento. El gerente que le asegura al jefe que to­do está marchando a la perfección cuando la verdad es otra, es igual­mente deshonesto.

Son incontables los ejemplos que podrían citarse: el gerente que le cuenta a su personal que está estudiando el proble­ma de los proveedores cuando en realidad se ha olvidado por comple­to del asunto; el director financiero que infla las cuentas de gastos en los libros para evitar que éstos presenten un aspecto demasiado favo­rable antes de la negociación del pliego de peticiones.

Nadie que de un modo u otro obre en forma deshonesta puede ser un Líder, bien sea mediante declaraciones engañosas o mediante la descarada omisión de los hechos.

 

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No le vuelva la espalda a esta nota. ¡Confiéselo todo ahora mismo! A usted mismo. Aunque sea o no políticamente inoportuno, púrguese sin piedad de toda deshonestidad, de toda distorsión, de toda decla­ración engañosa u omisión que haya hecho en el transcurso de los úl­timos meses.

A continuación hágase la solemne promesa de ser siempre hones­to. La honestidad trae sus recompensas, incluso si ha de perder su em­pleo en el proceso. Una conciencia limpia aunque no tenga empleo, paga mayores dividendos que la distorsión y la deshonestidad en el trabajo.

 

 

Política

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El manejo de la política no deja utilidades.

La política tiene mala reputación y con razón. Si está empeñado en conseguir votos, dirá y hará cualquier cosa para ser popular, y su­primirá y ocultará todo lo que pudiera tener el efecto contrario. Pero la gente no es tan estúpida, y unas medidas dolorosas y unas pala­bras escuetas pueden a menudo conquistar votos. La gente es capaz de ver más allá de lo que una sonrisa empalagosa muestra y puede llegar a desconfiar de aquéllos que no le cuentan “la realidad de las cosas”.

El Líder no es partidario de los juegos políticos, no está ansio­so de ganar premios de popularidad. El Líder no trata de eclipsar y hacer quedar mal a sus colegas ni de ponerlos en aprietos. Tampoco pinta las cosas de color negro ni las vuelve blancas repentinamente cuando es él quien tiene que responder por ellas.

No pretende ganar puntos, ni impresionar al presidente de la junta directiva con sus grandes dotes de orador. El Líder no sacrifica a los demás para cubrir su propia incompetencia, ni busca chivos expiatorios cuando las cosas salen mal.

No actúa a espaldas de su jefe, ni de su gente. El Líder no es un discípulo de Maquiavelo ni desea emularlo.

Conserva su estilo de liderazgo honesto e íntegro, di­ciendo lo que piensa de un modo respetuoso y responsable. Lucha por su empresa y por su gente y está dispuesto a arriesgar su pellejo para lograrlo. Su preocupación estriba en lograr buenos resultados, no en ganar puntos políticos.

 

aplicarhoy

Haga como promesa de Año Nuevo (aunque sea el 23 de junio) dejar de tener injerencia en la política interna de su empresa. Podría quedar horrorizado, y creer que si usted no sigue el juego político de la empre­sa, sus perspectivas de supervivencia (sin hablar de ascenso) se verán notoriamente mermadas.

 

Ahora, si se asemeja en algo a un líder, su conciencia será más importante que su carrera. ¿Realmen­te quiere trabajar para una empresa que está dispuesta a sacrificarlo a menos que tome parte en sus juegos políticos?

Concéntrese en la tarea que se ha propuesto, olvídese de la política y empéñese en lograr algunos resultados excelentes.

 

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