10 consideraciones sobre el negocio familiar

Cuando una persona inicia su propio emprendimiento, con el tiempo y de a poco va pasando la posta de generación en generación; si mi familia tiene su propio negocio, es lógico que llegue mi momento. Antes de estar seguro del emprendimiento, es preciso considerar algunas cuestiones.

1 – Al incorporarme al negocio, estoy sumándome a una estructura ya armada. Podré brindar algunas ideas, mi punto de vista, pero por lo menos en los primeros años será difícil poder influir radicalmente en los aspectos que quiero corregir.

2 – El rol que ocupe cada integrante en el comercio estará definido, y deberé aceptarlo. De esta manera, puede que mi hermano se convierta en mi supervisor, o mi madre en mi jefe. Si voy a relacionarme con mi familia, debo estar convencido que podré aceptarlo.

3 – La principal desventaja de poder conseguir trabajo fácilmente gracias al comercio es que no tendré demasiadas alternativas para elegir. La compañia se dedica a una actividad, y será ella la que deberé ejercer. ¿Y si deseo otra cosa? Pues entonces deberé buscar en el lejano mundo de los terceros.

4 – Si decido por un emprendimiento familiar, “sufriré” una suerte de predestinación respecto a mi futuro laboral y mis estudios. Si mis padres son dueños de una gran empresa de contabilidad, mi espectro de carreras a seguir se verá fuertemente limitado a las ciencias económicas. Esto no es algo estrictamente determinante, pero sí representa un fuerte condicionamiento.

5 – En contrapartida al punto anterior, contar con capacidades novedosas, conocimiento en nuevas tecnologías e información sobre nuevas tendencias podría abrir, en un mediano plazo, nuevos segmentos de mercado a la empresa. Resulta por demás interesante si a futuro deseo desempeñarme con autonomía, ya que seré el idóneo en la temática.

6 – Si la empresa tiene varios empleados, y no todos integrantes, puede darse que en ocasiones me traten como “el hijo de”; por lo general, esta categorización quita mérito a la labor de las personas, pero deberé asumirlo, ya que busco el negocio familiar.

7 – Un punto importante será el del salario. ¿Me llevaré partes de las ganancias o tendré un sueldo fijo? En este último caso, solicitar un aumento en el monto percibido a priori puede parecer más fácil si se trabaja en la compañia familiar; sin embargo, sería lógico que mis superiores (y familiares) me dieran la prioridad a la hora de ascensos y aumentos de sueldo. Por eso, puede tornarse en una cuestión conflictiva si no está bien definida de antemano.

8 – Al estar con mis parientes, probablemente acceda a algunos beneficios como la flexibilidad en horarios, vacaciones, etc. No tendré inconvenientes para tomarme una mañana libre e ir a hacer trámites, o estudiar, por ejemplo. Aunque siempre por causas justas, si quiero trabajar con mi familia tendré estas posibilidades.

9 – Cuando defino que voy a integrar el negocio familiar, estoy asumiendo un compromiso mucho más fuerte que el que podría tener con otra labor. Por tradición, por orgullo, por sentido de pertenencia, y principalmente porque en juego está el futuro de mis seres queridos.

10 – La última, y quizá la más interesante. Tarde o temprano, y por decantación, terminaré siendo el jefe máximo de la compañia; podré tomar todas las decisiones y ser quien perciba el mejor salario. Una consideración seductora para decir “voy a entrar en el emprendimiento familiar”.